Rendición de cuentas 2026: del debate político a la evidencia de un Estado en transformación y crecimiento sostenido

Por Nicolás Arias.
La más reciente rendición de cuentas del presidente Luis Abinader trascendió el tradicional ejercicio constitucional para convertirse en una exposición estructurada del rumbo económico e institucional del Estado dominicano. Más que un discurso político, la intervención presentó una narrativa sustentada en indicadores verificables que dibujan un país en transición hacia un modelo de desarrollo basado en productividad, estabilidad macroeconómica y diversificación económica.
Uno de los elementos centrales fue el contraste entre la crítica política y los datos presentados. Mientras sectores de oposición centraron sus cuestionamientos en percepciones coyunturales, el informe presidencial se apoyó en cifras acumulativas y comparativas: casi dos mil obras inauguradas en todo el territorio nacional, crecimiento económico sostenido y una expansión visible de infraestructuras y servicios públicos que impactan directamente la vida cotidiana de la ciudadanía.
En el plano económico, el discurso evidenció un cambio cualitativo en la matriz productiva. Exportaciones cercanas a los 16 mil millones de dólares y más de 5 mil millones en inversión extranjera directa reflejan no solo crecimiento, sino confianza internacional. A ello se suman acuerdos estratégicos con empresas tecnológicas globales como NVIDIA y Google, que posicionan al país dentro del mapa de la economía digital y la inteligencia artificial, un paso que redefine la competitividad regional.
El análisis fiscal presentado también rompe con narrativas tradicionales de endeudamiento descontrolado. La reducción de la deuda pública respecto a 2020, junto con una mayor recaudación tributaria y disciplina presupuestaria, fue respaldada por evaluaciones positivas de organismos internacionales y calificadoras, entre ellas Moody’s y el Fondo Monetario Internacional, lo que fortalece la credibilidad financiera del Estado dominicano ante los mercados globales.
Otro punto relevante fue la visión estratégica de largo plazo. La propuesta Meta RD 2036 plantea superar el modelo de crecimiento basado únicamente en expansión económica para avanzar hacia un desarrollo inclusivo sustentado en capital humano, innovación y eficiencia estatal. Este enfoque intenta romper la llamada “trampa del ingreso medio”, una limitación histórica de muchas economías latinoamericanas.
En materia social, el discurso vinculó crecimiento económico con bienestar tangible. La ampliación de programas sociales, la reducción de la pobreza, la creación de empleos formales y la inclusión financiera muestran un intento de traducir los indicadores macroeconómicos en estabilidad familiar y movilidad social. La lógica planteada es clara: el crecimiento solo adquiere legitimidad política cuando se convierte en oportunidades reales para la población.
En conjunto, la rendición de cuentas proyecta un Estado que busca consolidar institucionalidad mientras apuesta por sectores de futuro como la tecnología, la logística y hasta la economía espacial. Más allá del debate partidario, el mensaje central fue que la discusión nacional debe desplazarse de la retórica hacia la evaluación objetiva de resultados, pues los datos presentados colocan a la República Dominicana en una etapa donde el desafío ya no es solo crecer, sino administrar ese crecimiento para garantizar progreso sostenible para toda la ciudadanía.


