Opinión

Paz, Paz… EL MUNDO NECESITA PAZ, NO GUERRA

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Por:  Dr. Amín Cruz

“No habrá paz mientras existan quienes provoquen la guerra.”

Ayer, hoy y, sin duda, mañana volverán a decir lo mismo: que todo está bajo control, que existen conversaciones en marcha, que los arsenales han sido destruidos y que la cúpula del poder militar ha sido eliminada. Esa es la versión oficial, la narrativa que se repite.

Sin embargo, lo que no se dice o se oculta deliberadamente es la otra verdad: la de los miles de niños, niñas, mujeres y envejecientes que pierden la vida; la de ciudades devastadas; la de monumentos históricos, patrimonio de la humanidad, reducidos a escombros. Esa es la realidad que no se transmite con la misma fuerza.

El presidente Donald Trump construyó su discurso político sobre la promesa de la paz. Aseguró que, de llegar al poder, pondría fin a los conflictos de manera inmediata. No obstante, la realidad ha tomado un rumbo distinto. Sus acciones, en alianza con el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, han contribuido a una escalada del conflicto en todo el Medio Oriente de guerra, muerte que muchos califican como genocidio y tan solo se oye decir por Paz… ¿A quién le creo?

Lejos de disminuir, la violencia se ha expandido, impactando territorios como Gaza, Líbano, Siria e Irán, con consecuencias humanas devastadoras. En este contexto, se denuncian acciones que muchos califican como desproporcionadas, mientras la comunidad internacional permanece dividida, cayada y una Naciones Unidas (ONU), aislada sin voz ni voto.

Donald Trump le ha dado un golpe de gracia a las Naciones Unidas (ONU), el debilitamiento total que no puede ejecutar su papel por el cual fue fundada, eso agrava aún más el escenario. Desde su fundación en 1945, este organismo ha sido un pilar para la mediación internacional; sin embargo, hoy se percibe fragmentado, con menor capacidad de acción frente a conflictos de gran escala.

Trump y Netanyahu junto a un grupo de presidentes sumisos han promovido iniciativas unilaterales, como supuestos comités de paz o planes de reconstrucción en Gaza, que en la práctica resulta ser un (bulto) insuficiente, que da continuidad a los bombardeos, la crisis humanitaria y la escasez de alimentos. La paz, en este contexto, es más un discurso que una realidad tangible.

Se necesitan árbitros serios que puedan poner un STOP, porque la situación de guerra es preocupante con el deterioro de las relaciones con Irán. Los intentos de diálogo han sido interrumpidos por acciones militares que han elevado la tensión al máximo nivel. La eliminación de figuras clave del liderazgo iraní, en momentos críticos de negociación, ha sido interpretada como una provocación o traición que dificulta cualquier salida diplomática.

Irán, por su parte, ha respondido con una postura clara: cualquier agresión será respondida con medidas equivalentes. Este principio de disuasión marca un cambio en el equilibrio geopolítico. Ya no existe un monopolio absoluto del poder; cada acción genera una reacción proporcional, y en muchos casos, potencialmente devastadora.

En este nuevo escenario, el Estrecho de Ormuz se convierte en el epicentro de la tensión global. Este corredor es vital para el transporte de petróleo a nivel mundial. Su posible cierre o restricción no solo tendría implicaciones militares, sino también económicas, afectando el precio del petróleo y, en consecuencia, el costo de vida a nivel global.

A esto se suma la compleja relación con la Unión Europea. Tras tensiones previas, incluyendo disputas comerciales y desacuerdos políticos, Estados Unidos enfrenta ahora una menor disposición de apoyo por parte de sus aliados tradicionales. La reciprocidad -resumida en la antigua ley del talión: “ojo por ojo, diente por diente”- parece imponerse en la diplomacia contemporánea.

Las consecuencias ya son visibles: el aumento de los precios del petróleo, la inflación en alimentos y bienes esenciales, y una creciente incertidumbre económica global, está movilizando a la humanidad a un caos, que no sabemos hasta dónde puede llegar si Donald Trump y Netanyahu no paran sus planes subversivos de la guerra y destrucción de instalaciones energéticas, petroleras y patrimonio de la humanidad.

En conclusión, la ausencia de un -árbitro- neutral como las Naciones Unidas (ONU), fuerte, cohesionada y respetada limita seriamente las posibilidades de una solución a corto plazo. La desconfianza entre líderes, la falta de credibilidad en los discursos oficiales y la existencia de gobiernos alineados (bisagras) a intereses particulares profundizan la crisis.

La gran pregunta sigue vigente: ¿a quién le creemos cuando todos hablan de paz, pero la guerra continúa?

“Porque la verdadera paz no se impone ni se negocia bajo presión”.
“La paz se construye con amor, justicia, armonía y hermandad”.

Dr. Amín Cruz CEO, presidente y fundador del Congreso Hispanoamericano de Prensa y del Congreso Mundial de Prensa; Padre Embajador del Periodismo Hispanoamericano y Latinoamericano, diplomático, periodista, historiador, escritor y educador.

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