
La escalada de tensiones en Oriente Medio vuelve a colocar a la República Dominicana frente a una vulnerabilidad conocida: su alta dependencia de combustibles importados. Aunque el país no compra directamente a las naciones en conflicto, el impacto se transmite a través del precio internacional del petróleo, presionado por el riesgo sobre rutas estratégicas como el estrecho de Ormuz. Esto se traduce en mayores costos para la generación eléctrica, el transporte y los subsidios estatales, en un momento en que la economía global ya enfrenta incertidumbre y volatilidad.
En ese contexto, el presidente Luis Abinader advirtió la noche del domingo sobre las posibles repercusiones del conflicto en la economía nacional, señalando que el Gobierno se mantiene vigilante ante el comportamiento de los mercados energéticos y sus efectos en los precios internos.
Indicó que se evalúan medidas para mitigar el impacto sobre los consumidores y preservar la estabilidad, al tiempo que llamó a la prudencia ante un escenario internacional que, dijo, “no depende de nosotros, pero sí nos afecta”.
De ahí su llamado a un gran consenso nacional sobre cómo enfrentar las consecuencias directas de una crisis que ya es global.


