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Enjambre de sismos en la costa sur dominicana

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Aunque los temblores principales, de magnitudes 3.1 y 3.8, no causaron daños ni víctimas, confirman el dinamismo geológico y el constante proceso de liberación de energía que mantiene bajo monitoreo las fallas locales de la isla.

La intensa actividad sísmica que sacude al Caribe desde los potentes terremotos en Venezuela sumó este miércoles dos nuevos eventos perceptibles frente a la costa sur de la República Dominicana, acompañados por un enjambre de al menos nueve microsismos instrumentados en distintos puntos del país.

Aunque los temblores principales, de magnitudes 3.1 y 3.8, no causaron daños ni víctimas, confirman el dinamismo geológico y el constante proceso de liberación de energía que mantiene bajo monitoreo las fallas locales de la isla.

Los dos sismos reportados este miércoles ocurrieron con pocas horas de diferencia y se localizaron en aguas del Mar Caribe. El primer movimiento tuvo una magnitud de 3.1 y se ubicó a 55.6 kilómetros al sur de Sabana Grande de Palenque, San Cristóbal, con una profundidad aproximada de 31.1 millas (50 kilómetros).

Horas más tarde, el segundo sismo registró una magnitud de 3.8, localizado a 59 kilómetros al sur de Boca de Yuma, provincia La Altagracia, con una profundidad de 29.8 millas (48 kilómetros), según datos preliminares del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS).

Las autoridades de socorro confirmaron de inmediato que no se reportaron daños materiales ni personas heridas en ninguna de las localidades.

Desde los devastadores terremotos gemelos de magnitudes 7.2 y 7.5 que sacudieron a Venezuela el pasado miércoles 24 de junio, la actividad sísmica de la República Dominicana se ha mantenido dentro de los parámetros esperados.

En total, el país ha reportado tres eventos principales de consideración en la última semana: el sismo moderado de magnitud 5.1 (o 5.0 según el USGS) ocurrido el viernes 26 de junio al sur de la Isla Saona, el cual provocó evacuaciones preventivas en plazas y oficinas de Santo Domingo, Higüey, La Romana y Punta Cana, sumado a los dos movimientos de este miércoles.

Dar un número exacto de sismos menores es complejo porque la gran mayoría son imperceptibles para la población. Sin embargo, una evaluación del comportamiento de las redes de monitoreo regionales estima que en la región de influencia de la islas y sus fallas circundantes se han registrado entre 40 y 60 sismos menores e imperceptibles, con magnitudes de entre 1.5 y 3.4 en la última semana.

En un año normal, la República Dominicana registra entre 1,000 y 1,500 sismos menores. Por lo tanto, tener un promedio de 6 a 8 micro-sismos diarios captados por los instrumentos tras un evento mayor en el Caribe entra perfectamente en el patrón denominado “actividad tectónica normal de reajuste”.

Más allá de los dos sismos que llamaron la atención pública, el Centro Nacional de Sismología de la UASD detectó e instrumentó este miércoles otros 9 microsismos de baja intensidad (magnitudes entre 2.2 y 3.5) totalmente imperceptibles.

Esta actividad subterránea se concentró principalmente en la franja costera sur y este (con registros cerca de la Isla Catalina, Ramón Santana y la Isla Saona), extendiéndose al final de la tarde con sutiles reajustes en la línea de fallas del noroeste, específicamente en Montecristi y Puerto Plata.

¿Por qué sigue temblando?

Sobre la ocurrencia de estos movimientos telúricos, los expertos explican que la República Dominicana se encuentra en una zona de alta complejidad tectónica, justo en el límite entre la Placa del Caribe y la Placa de Norteamérica.

El violento reajuste de placas ocurrido en Venezuela hace una semana genera ondas sísmicas y variaciones de esfuerzo que, si bien no desencadenan terremotos mayores de forma directa en la isla de manera matemática, sí mantienen activas las fallas locales, como la fosa de la Trinchera de los Muertos, ubicada precisamente en la costa sur del país.

Muchos de estos pequeños temblores sirven como válvulas de escape para que las placas liberen tensión de forma gradual.

De hecho, los sismos de magnitud inferior a 4.0, como los de este miércoles, son considerados eventos normales de reajuste y liberación de energía acumulada, lo cual reduce la probabilidad de un evento mayor en el mismo segmento de la falla.

La sismología explica que la liberación de energía después de un gran terremoto no se apaga de un día para otro; el proceso de reajuste a través de las réplicas puede continuar durante meses, años e incluso décadas.

El tiempo exacto depende de dos factores: la magnitud del terremoto principal y las características de la falla geológica.

A través de la Ley de Omori, se demuestra que la frecuencia de las réplicas disminuye con el tiempo de forma inversamente proporcional. Es decir, al principio ocurren muchas y muy seguidas, y con el paso del tiempo se van espaciando.

Cuando una falla se rompe de forma violenta, la tensión acumulada no desaparece por completo, sino que se desplaza.

Los extremos de la zona de ruptura original quedan bajo un estrés enorme, por lo que la roca debe seguir rompiéndose en pequeños tramos (micro-sismos) para acomodarse a su nueva posición.

Además, el movimiento de una falla puede “cargar” de energía a otras estructuras cercanas que ya estaban bajo presión, acelerando la ocurrencia de sismos en ellas, algo común en fronteras de placas tan dinámicas como la de República Dominicana y Venezuela.

Estudios sismológicos recientes sugieren que algunos sismos moderados que ocurren hoy en zonas como el centro de Estados Unidos o ciertas fallas de Europa son, en realidad, réplicas tardías de terremotos masivos ocurridos en los siglos XVIII y XIX, debido a que la corteza terrestre en esas zonas es tan rígida que tarda cientos de años en “relajarse” por completo.

Para el caso del Caribe actual, tras los sismos superiores a 7.0 en Venezuela y el evento de 5.1 en la Isla Saona, es completamente normal que los instrumentos sigan registrando un goteo constante de sismos menores durante los próximos meses mientras el planeta recupera su equilibrio.

Finalmente, las autoridades y los organismos de socorro recuerdan que la isla de La Española es un territorio sísmicamente activo, por lo que instan a la población a mantener la calma, evitar la propagación de rumores en redes sociales y seguir únicamente los boletines oficiales emitidos por el Centro Nacional de Sismología y el Centro de Operaciones de Emergencias (COE).

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