Enriquillo vive entre una música estridente, un vandalismo motorizado y naufragando en narcóticos

Por Máximo Sánchez.
Nadie debe dudar que Enriquillo es un lugar de una naturaleza hermosa, dibujada entre el cielo, el mar y sus montañas; un paraíso natural, donde tuvimos el privilegio de nacer. Este pequeño pueblo, cuna de don Sócrates Nolasco y de otros muchos seres humanos con grandes cualidades, no merece el destino en que se encuentra hoy.
Es una población costera arropada por el desorden y el desdén de sus autoridades. El ruido infernal no cesa; comienza muy temprano en la mañana y por lo general abarca casi las 24 horas del día; las llamadas “discolight” pueblan las noches, y cuando ellas descansan, comienzan los energúmenos con vehículos que quieren hacerse notar.
A esa degradación social que, está sufriendo casi todo el país, se une la pandemia motorizada; cientos de motocicletas con el mofle modificado, para hacer un ruido ensordecedor, rondan las calles día y noche en una competencia de la llamada “calibración” y velocidades espeluznantes. Ya han muerto personas lesionadas por estos idiotas sin control ni ley.
El Dr. Marino Vinicio Castillo Rodríguez, muchos años atrás, cuando enfilaba una cruzada contra el tráfico de drogas en el país, solía denunciar la entrada de estas por la costa sur; específicamente por Barahona y Pedernales; por muchas denuncias y esfuerzo que hizo, eso solo se controló un poco, con el seguimiento de las trazas de radares y los aviones tucanos.
El tráfico no ha parado, y lo peor del caso es que con el pago en especies a los intermediarios, los puntos de ventas se han multiplicado; por esta razón, si usted se para una hora en el parque de Enriquillo, puede contar 10 o 15 adictos demacrados y fuera de control buscando cómo recolectar dinero para una de sus porciones del día.
Sabemos que este no es el caso de Enriquillo solamente; que el país entero está bajo los efectos del negocio de los narcóticos, pero como enriquilleros, vemos con preocupación que, un pueblo que 25 o 30 años atrás, apenas conocía la nomenclatura de las drogas conocidas, hoy muestre un problema de salud mental en muchos de sus hijos.
No creemos estar exagerando, cuando decimos que, en el municipio de Enriquillo, si se investiga con cuidado, hay más puntos de droga que policías y militares juntos.
Somos parte de una generación que, contemplamos con profunda pena este sombrío destino de nuestros pueblos. Nuestro corazón sangra y nuestros ojos se humedecen, al observar al Enriquillo de nuestros sueños y nuestros amores sucumbir a la degradación y al desorden.
Ojalá, despertemos a tiempo de esta pesadilla, para rescatar este pueblo y ponerlo en la dirección correcta de la historia.


