
La ingeniera naval Ilya Espino de Marotta asumió el lunes como la primera mujer al frente de la administración del Canal de Panamá y prometió que su gestión llevará adelante una agenda de transformación enfocada en asegurar el agua, enfrentar los riesgos climáticos y ampliar el papel de la vía en la logística y el comercio mundial.
Hoy, más que nunca, los panameños podemos comprobar que si bien el canal se ubica en Panamá, su negocio y competencia son globales. Y por ello los eventos geopolíticos y climáticos nos presentan riesgos y oportunidades. Y aquí que la estrategia 2025-2035… incluye una serie de iniciativas y proyectos que buscan asegurar la resiliencia y la adaptación a nuestro recurso más estratégico”, dijo la nueva administradora.
Impulsada por su liderazgo al frente del multimillonario proyecto de ampliación del canal de la década pasada, Espino dejó la subadministración para tomar el mando pleno, un rol que sólo ocuparon tres panameños desde el traspaso de la ruta interoceánica por parte de Estados Unidos a fines de 1999.
Para esta ingeniera de 64 años, casada y con tres hijos, su llegada al máximo cargo del canal —motor de la economía panameña y que mueve casi el 3% del comercio marítimo mundial— es una muestra de la capacidad de las mujeres para puestos de dirección en la industria.
A lo largo de más de 40 años llegó a ocupar posiciones de creciente responsabilidad en áreas técnicas, operativas y de liderazgo.
Poco antes de asumir, Espino dijo en una entrevista con The Associated Press que su “prioridad” será seguir avanzando en el proyecto para construir un embalse en río Indio en la cuenca hidrográfica del canal, que costará 1.500 millones de dólares y que busca asegurar agua para el consumo del 50% de la población del país centroamericano de más de cuatro millones de personas y ayudar en la futura operación de la ruta, abierta por Estados Unidos en 1914.
La Junta Directiva del canal la había asignado justo a ella para liderar ese plan por un costo de 1.500 millones de dólares, que entre otras cosas incluye el reasentamiento de comunidades y temas ambientales. Es el proyecto más grande desde la expansión de la vía, que abrió operaciones en junio de 2016 y superó los 5.250 millones de dólares. Las autoridades esperan tenerlo listo el embalse a fines de 2031 o 2032.
Para Espino, el objetivo es garantizar el consumo de agua futuro sin perder confiabilidad ante la industria naviera. Si los clientes perciben que el canal no está buscando una solución hídrica de largo plazo, advirtió, podrían trasladar sus cargas hacia otras rutas.


