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Crisis en Cuba obliga a médicos tomar desiciones cruciales en cardiocentro infantil

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Los médicos del principal hospital cardiopediátrico de Cuba enfrentan disyuntivas desgarradoras mientras el bloqueo de combustible impuesto por Estados Unidos presiona aún más al frágil sistema de salud de la isla: qué niños reciben primero un tratamiento que les salve la vida y cuáles deben esperar.

Durante una visita de periodistas de la AFP al cardiocentro pediátrico “William Soler” de La Habana, madres con mascarillas médicas permanecían junto a sus hijos, sentados o acostados en habitaciones en penumbra, donde la única luz provenía del sol que entraba por las ventanas.

Los hospitales cubanos han lidiado durante años con escasez y equipos envejecidos, pero la situación se ha deteriorado desde que el presidente estadounidense Donald Trump impuso en enero un bloqueo petrolero de facto a la isla.

Herminia Palenzuela, una cardióloga de 79 años, dijo que el hospital, único de su tipo en el país, debe tomar ahora decisiones “dificilísimas”.

Los niños con los casos menos graves quedan “al final de la lista, simplemente a esperar” por los recursos, comentó Palenzuela.

El hospital atiende a recién nacidos, niños y embarazadas cuyos hijos han sido diagnosticados con cardiopatías críticas.

“Siempre se guardan los recursos para ese tipo de pacientes porque son los que se van a morir en cualquier momento”, agrega la especialista, con la angustia reflejada en el rostro.

El cardiocentro dispone de 100 camas, pero no todas se utilizan porque, según explican los médicos, deben racionar los equipos y suministros médicos para los pacientes con riesgo vital inminente.

“Quisiéramos operar más, quisiéramos hacer más cosas, pero los recursos no lo permiten”, añade Palenzuela, fundadora del hospital inaugurado en 1986.

Con apagones diarios afectando a los cubanos en toda la isla —incluidos dos cortes nacionales solo la semana pasada—, el gobierno ha priorizado los hospitales, equipados con generadores para evitar que queden completamente a oscuras.

Palenzuela explica que solo puede acudir al cardiocentro tres veces por semana, mientras que algunos de sus colegas caminan varios kilómetros cada día para llegar al trabajo. Existe un sistema de transporte destinado al personal de salud, pero no cubre la demanda.

 

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