
Por Nicolás Arias.
El presidente Luis Abinader agotó una intensa agenda en Nueva York, donde participó esta semana en la 81.ª Asamblea General de las Naciones Unidas y presentó las principales posiciones de la República Dominicana sobre la crisis haitiana, la reducción de la pobreza monetaria y hambre cero, el cambio climático y las prioridades del país ante la comunidad internacional, reuniones con la diáspora dominicana en Brooklyn; así como con la gobernadora del estado de Nueva York, Kathy Hochul.
También, recibió reconocimientos por su gestión al frente de la nación caribeña, entre ellos la Insignia de Oro de Americas Society y la Medalla Presidencial de William Paterson University. Más allá de las valoraciones sobre su participación en el escenario internacional, considero oportuno analizar su reciente permanencia de tres días en Santiago desde una perspectiva distinta: no solamente desde la política partidaria, sino desde la dimensión institucional del Estado.
Previo al viaje a Estado Unidos, el mandatario permaneció tres días en Santiago, dejando de ser simplemente una ciudad visitada por el presidente y pasó a convertirse temporalmente en sede de la Presidencia de la República, mediante el Decreto 642-26. Abinader estableció allí su despacho y sostuvo encuentros con sectores empresariales, productivos y sociales, además de autoridades locales y representantes de distintas áreas del Gobierno. Aprocovici, Amaprosan y Compromiso Santiago, entre otros, formaron parte de una agenda que permitió al mandatario escuchar directamente las necesidades de la región y dar seguimiento a proyectos estratégicos como acostumbra desde el inicio del primer mandato.
Por eso, decir que fue “más de lo mismo” no parece suficiente para explicar lo ocurrido. Un presidente puede llegar a una provincia, inaugurar una obra, pronunciar un discurso y marcharse; otra cosa es trasladar temporalmente el centro de operaciones del Gobierno hacia una ciudad. La metodología aplicada en Santiago combinó reuniones, supervisión y toma de decisiones. Esa es, precisamente, una de las funciones esenciales de la gestión pública: acercar el Estado al territorio y convertir las necesidades planteadas por los sectores sociales y productivos en prioridades gubernamentales.
Los resultados también deben analizarse desde las decisiones anunciadas. El Gobierno informó una inversión aproximada de RD1,700 millones para intervenir centros hospitalarios de Santiago y se anunció la ampliación a cuatro carriles de la carretera de acceso a Licey al Medio, construcción del local de la Policía Nacional. Abinader también supervisó el alcantarillado sanitario de Licey y la ampliación del Aeropuerto Internacional del Cibao, una inversión privada estratégica para la región.
En cuanto al Partido Revolucionario Moderno ,(PRM), la ausencia de una agenda partidaria visible también merece una lectura institucional. Abinader estuvo en Santiago como presidente de la República y no como presidente del partido. Mezclar ambas funciones habría significado confundir deliberadamente la agenda del Estado con la dinámica interna de una organización política.
La participación de Rosa Santos, Andrés Cueto, Ulises Rodríguez, Daniel Rivera y otros dirigentes en sus respectivas funciones institucionales es compatible con una agenda gubernamental. En este caso, la separación entre Gobierno y partido no debe interpretarse necesariamente como distancia política, sino también como respeto a la institucionalidad.
Santiago se convirtió temporalmente en centro de operaciones del Gobierno, desde donde se discutieron, supervisaron y anunciaron decisiones de alcance provincial, regional y nacional. Naturalmente, los proyectos en ejecución deberán mostrar sus resultados en el futuro inmediato, mientras que los nuevos tendrán que materializarse en obras y soluciones concretas para poder ser evaluados.
Sin embargo, afirmar que el impacto fue nulo porque no hubo una agenda partidaria visible o inauguraciones supone reducir una acción de Estado a la simple lógica política. Durante esos tres días, Abinader no llegó a la capital del Cibao para felicitar a la dirigencia de la organización oficialista por la unidad y fortaleza demostradas en el reciente proceso interno; llegó a ejercer la Presidencia de la República desde el Cibao, convirtiendo la provincia en el epicentro de decisiones con potencial impacto a corto, mediano y largo plazo para la región.


