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El Clamor del Abandono: Reflexión del Padre Cristino Guerrero sobre la Cuarta Palabra

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El Clamor del Abandono: Reflexión del Padre Cristino Guerrero sobre la Cuarta Palabra

 

La cuarta palabra del Sermón de las Siete Palabras fue presentada por el padre Candelario Mejía Brito, quien ofreció una profunda reflexión sobre la Cuarta Palabra: ‘Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

 

La reflexión destacó que estas palabras, tomadas del Salmo 22, no son simplemente una expresión de dolor físico, sino un grito que brota desde lo más hondo de la humanidad de Jesús. Según el predicador, en este momento Cristo asume la condición humana hasta el extremo, experimentando la sensación de que Dios calla o está lejos, lo que se describe como una auténtica «noche oscura del alma». Esta palabra no es un acto de desesperación, sino una solidaridad radical con el sufrimiento humano y una oración confiada en medio de la oscuridad.

 

El sermón vinculó el grito de Jesús con la realidad social actual, afirmando que ese clamor sigue resonando en los rostros de los más necesitados:

 

En los pobres que carecen de lo básico.

En los ancianos olvidados y los jóvenes que no encuentran oportunidades.

En los enfermos que no reciben una atención digna.

 

Urgencia por la Salud Mental

El padre Candelario puso en el centro del debate el sufrimiento invisible asociado a la salud mental. Denunció que miles de personas conviven en silencio con ansiedad, depresión y una profunda angustia, mientras otras, con trastornos más severos, sobreviven en las calles sin atención, cuidado ni condiciones dignas. Frente a esta realidad, elevó un llamado firme al Estado, exigiendo una inversión sostenida y efectiva en el sistema de salud mental, mediante políticas públicas que garanticen acceso a servicios, tratamiento oportuno y acompañamiento profesional integral.

 

La Iglesia también señaló que el abandono es una responsabilidad compartida por la familia, las comunidades y la sociedad en general cuando se estigmatiza al enfermo o se ignora su dolor. Sin embargo, la meditación concluyó con un mensaje de consuelo: al decir «Dios mío», Jesús no rompe su relación con el Padre, enviando un mensaje directo a quienes han perdido el sentido de la vida: «tú no estás solo»

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