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Enfermos mentales: desamparados y abandonados a su suerte en Santiago

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Familiares y población maltratan e ignorana quienes padecen de trastornos psicológicos.

 

Por Ignacio GUERRERO.

SANTIAGO. – Los enfermos mentales, quienes caminan sin rumbo por calles y avenidas de Santiago, están desamparados y abandonados a su suerte; subsisten “por obra y gracia de Dios”.

Además, son maltratados e ignorados por sus familiares, las autoridades y la mayoría de ciudadanos, quienes abusan de la demencia de esos seres humanos desdichados, porque perpetran agresiones físicas y verbales.

También, el Estado se descuida de estas personas enajenadas, debido a la carencia de políticas sanitarias que garanticen asistencia médica efectiva, albergue en centros especiales, falta de auxilio psicológico y psiquiátrico.

Las áreas de Salud Mental de los hospitales son deficientes, pues, se adolece de psicológicos y psiquiatras para atender a los pacientes, no hay medicamentos y no existen espacios para internamiento.

De igual modo, eso se palpa a diario en Santiago, los enfermos mentales son indigentes, desnutridos y “desharrapados” porque se alimentan de los desechos que extraen de los zafacones y sus vestuarios son “harapos descoloridos, rotos y cubiertos de polvo y todo tipo de malezas”.

Las calles 30 de Marzo, Del Sol, Restauración, España, Duarte, Beller; en fin, el casco urbano, son escenarios de la travesía de los empobrecidos que sufren los efectos de enfermedades mentales.
Asimismo, suelen transitar por las avenidas Circunvalación Sur, 27 de Febrero, las Carreras, Antonio Guzmán Fernández, área Monumental, urbanizaciones, barrios y por los puentes.

Después de pasar un día sin horizontes y recorrer kilómetros, duermen en donde le coge la noche, ya que no tienen hogares y por eso se ven descansar en aceras, explanadas de edificios, solares baldíos o en cualquier rincón de la ciudad.

Son capaces de desafiar las lluvias, los candentes rayos solares y todos los fenómenos naturales, en razón de que nada ni nadie frena su andar; sobreviven en condiciones inhumanas.

Temor.

Profesionales, trabajadores, empleados públicos y privados, vendedores informales y la gente en sentido general, les temen a los enfermos mentales, puesto que en ocasiones se tornan violentos; sin embargo, lo aconsejable es ser solidario y tratarlos con mucho cuidado.

¿Qué hacer?

Es imprescindible establecer la cantidad de personas con trastornos mentales que circulan en Santiago y definir los tipos de enfermedades que les afectan y de ese modo clasificar los casos para elaborar una diagnóstico exacto sobre la problemática.

A partir de esa evaluación, es lo que procede, se deben plasmar las políticas sanitarias para ofrecer las atenciones pertinentes y proteger a esos desamparados que merecen tratamientos adecuados, porque sin tan humano como el que más.

Otro deber de las autoridades es habitar las unidades de salud mental en los hospitales públicos, con el objetivo de brindar asistencia, proporcionar medicamentos, orientar a los pacientes y asegurar internamiento a quien lo necesite.

Además, es propicio ubicar a las familias de los enajenados, porque deben asumir sus responsabilidades y brindarle protección.

En suma: los enfermos mentales requieren de solidaridad, comprensión, asistencia psicológica y psiquiátrica y afectos; es una misión y un compromiso de los ciudadanos sanos coadyuvar a mejorar la existencia de los enfermos mentales.

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