Por Edwin Torres Frías.
Abogado, político y comunicador dominicano; Email: edwintorf@gmail.com ; Instagram: @edwin_torres_f
Un conflicto histórico con repercusiones actuales
La historia entre República Dominicana y Haití ha estado marcada por episodios de conflicto, comenzando con la lucha por la independencia dominicana en 1844. Entre 1844 y 1856, se libraron al menos 13 batallas significativas, entre ellas las de Sabana Larga y Jácuba, que consolidaron la soberanía dominicana.
Algunas de las batallas más importantes en esta etapa fueron:
• Batalla de Fuente del Rodeo (13 de marzo de 1844): Primer enfrentamiento entre las fuerzas dominicanas y haitianas.
• Batalla de Cabeza de Las Marías (18 de marzo de 1844): Parte de las primeras defensas del territorio dominicano.
• Batalla del 19 de marzo (19 de marzo de 1844): Primer gran combate en defensa de la independencia.
• Batalla del 30 de marzo (30 de marzo de 1844): También conocida como la Batalla de Santiago, fue una victoria clave para los dominicanos.
• Batallas de Sabana Larga y Jácuba (1856): Últimos y más significativos enfrentamientos entre ambas naciones, que pusieron fin a más de una década de conflictos.
Si bien estas batallas definieron el destino de la República Dominicana como nación independiente, el vínculo entre ambos países sigue siendo complejo, con diferencias culturales, económicas y sociales que persisten hasta hoy.
Dos naciones, dos realidades Haití enfrenta una de las crisis humanitarias más profundas del hemisferio occidental.
Según el Banco Mundial, más del 60% de la población vive en condiciones de pobreza extrema, mientras que organismos como la ONU han alertado sobre el crecimiento de la violencia y la inestabilidad política. El asesinato del presidente Jovenel Moïse el 7 de julio de 2021 agravó aún más la situación, dejando el país en un estado de descontrol donde bandas armadas dominan amplios territorios.
Este escenario ha incrementado la migración haitiana hacia República Dominicana, generando desafíos económicos y sociales para el país. La falta de regulación y la presión sobre los servicios públicos han llevado a un debate constante sobre la gestión de la inmigración y las políticas estatales en la materia.
República Dominicana: crecimiento económico y retos laborales
Mientras Haití enfrenta una crisis profunda, República Dominicana se ha consolidado como la economía más fuerte del Caribe. En 2022, el país registró un crecimiento interanual del PIB del 4.9%, alcanzando aproximadamente US$114,000 millones, según datos del Banco Mundial y el Ministerio de Relaciones Exteriores (MIREX).
Este crecimiento ha impulsado la inversión extranjera y ha convertido al país en un centro clave para el turismo, la construcción y la agricultura. Sin embargo, estos sectores han experimentado una creciente escasez de mano de obra local, lo que ha llevado a una dependencia de la inmigración haitiana. En algunos casos, se ha promovido la idea de que ciertos trabajos, como los de la construcción y la agricultura, representan un estatus social inferior, afectando la disposición de la población dominicana a ocupar estos puestos.
El reto de fortalecer la identidad dominicana
Más allá de los debates políticos, el fortalecimiento de la identidad y la estabilidad social de República Dominicana requiere una estrategia clara en varios aspectos:
1. Regulación migratoria efectiva: Garantizar un control fronterizo que permita una migración ordenada y legal, sin afectar la estabilidad social y económica del país.
2. Fomento del empleo local: Incentivar la participación de la población dominicana en sectores clave como la construcción y la agricultura, garantizando condiciones laborales dignas.
3. Educación y capacitación: Promover el aprendizaje de idiomas y habilidades técnicas para que los dominicanos puedan acceder a mejores oportunidades en una economía globalizada.
4. Fortalecimiento de la identidad nacional: Evitar la entrega irregular de documentos de identidad a extranjeros y fomentar una cultura de responsabilidad cívica.
La soberanía de un país no solo se defiende con discursos, sino con acciones concretas que garanticen oportunidades para sus ciudadanos sin caer en la explotación ni en la xenofobia. República Dominicana debe seguir apostando por el desarrollo, pero sin descuidar la estabilidad de su territorio ni la seguridad de su gente.
Es un deber de Estado fomentar a la generación actual y venidera un criterio más arraigado no solo de patriotismo sino más bien que cuando se seden espacios laborales, de afueran vendrán a ocupar lo que realmente nos corresponde como medio económico y que ha sido sostenible para el auge de desarrollo dominicano.
Que la marcha no es solo en Friusa, la lucha es más que ese espacio territorial, la dominicanidad se demuestra con los esfuerzos de los dominicanos, Ser dominicano va más allá de aprovecharse de una situación que a todos nos afecta para beneficiar a sectores políticos y de medios, queriendo pescar en río revuelto para alzarse con el santo y la limosna que es ocupar el gobierno dominicano, que planteen sus preocupaciones y aportes que la patria es de todos.
Es momento de que el debate sobre la relación con Haití se haga con responsabilidad y visión de futuro, alejándose de intereses políticos particulares y priorizando el bienestar de la nación. La historia nos ha enseñado que la independencia no se defiende una sola vez, sino todos los días, con decisiones firmes y con un compromiso inquebrantable con el país.