Entre el agua de la pluma y botellones al sol: la doble moral del debate en Licey al Medio y Canca la Reina

Por Jonattan Flores.
En los últimos días he observado un pequeño debate en el municipio de Licey al Medio y el distrito municipal de Canca la Reina a raíz de unas declaraciones ofrecidas por el director nacional del programa Comunidad Segura, David Polanco. Algunos han centrado sus críticas en el hecho de que el funcionario afirmara que consume agua directamente de la pluma, una práctica que para muchos puede resultar cuestionable, pero que tampoco debe convertirse en motivo de una condena pública desproporcionada.
Es importante recordar que instituciones como la Corporación del Acueducto y Alcantarillado de Santiago (CORAASAN) cuentan con certificaciones internacionales de calidad y realizan monitoreos constantes para garantizar que el agua que sale de sus sistemas cumpla con los estándares requeridos. El verdadero problema no siempre está en la producción o tratamiento del agua, sino en lo que ocurre después de que esta llega a las comunidades.
Las redes de distribución antiguas, las conexiones irregulares, el almacenamiento en tanques y cisternas, así como otros factores externos, pueden afectar la calidad del líquido que finalmente consume la población. Esa es una realidad conocida por técnicos y especialistas en el tema.
Ahora bien, si realmente existe preocupación por la salud de la gente, también deberíamos cuestionar con la misma intensidad la comercialización de agua en botellones que permanecen expuestos al sol durante horas e incluso días. Hace algún tiempo se generó un gran debate nacional sobre estudios que advertían los riesgos de esta práctica. Hubo reuniones, anuncios y mucha atención mediática, pero poco cambió. Mientras tanto, miles de ciudadanos continúan consumiendo esa agua sin que el tema reciba el mismo nivel de seguimiento.
También debemos reconocer que quienes participan en entrevistas en vivo no están exentos de cometer errores o expresarse de manera imperfecta. La presión de las cámaras, el ritmo de una conversación y el intercambio constante de preguntas pueden provocar deslices en cualquier persona, independientemente de su experiencia.
Qué bueno que existan comunicadores atentos a lo que ocurre en nuestras comunidades. Sin embargo, también necesitamos una comunicación responsable, capaz de diferenciar entre una crítica constructiva y una campaña destinada a generar daño. Informar debe ser siempre el objetivo principal. Cuando la búsqueda de controversias sustituye la búsqueda de soluciones, pierde la sociedad y pierde la credibilidad de quienes tienen la responsabilidad de comunicar.


