
Editorial periódico Camino.
El Cardenal Pietro Parolin estuvo en Guatemala el pasado 3 de agosto, con motivo de celebrarse el 90 aniversario de Relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y ese hermano pueblo centroamericano.
En la homilía de la misa presidida por él, en la Catedral, el Secretario de Estado del Vaticano expresó: la Buena Nueva del Evangelio le lleva a abrazar a toda la humanidad y a no cerrar ningún camino que pueda llevar a la construcción de una sociedad más justa, fraterna y solidaria, rompiendo las dinámicas del desprecio, de la indiferencia y de las injusticias provocadas por las desigualdades y la corrupción.
Al tratar el tema de la corrupción, el Cardenal Parolin puso el dedo sobre una llaga que lastima el cuerpo de nuestros pueblos latinoamericanos, y otras partes del mundo.
Erradicar la corrupción en la administración pública es una tarea pendiente de la clase política, pero resulta que muchas veces se convierte en cómplice de este cáncer social al no tomar los correctivos necesarios para evitarlo. También por la falta de consecuencias para aquellos que hacen del erario un botín.
Estemos claros, la honestidad y la transparencia tienen que ser la ruta a seguir para llegar a tener una sociedad en donde el Estado sea el celoso guardián de los bienes que permitan a las personas vivir con dignidad.


