
Por Máximo Sánchez.
Barahona, una de las ciudades dominicanas con perspectivas de belleza inigualables; con el morro, como un inmenso dinosaurio guardián dormido frente a esa ensenada caribeña que conforma la gran bahía a los pies de esta ciudad; lo de perspectivas, nos viene de la necesidad que vemos de preservar a Barahona de la barbárica arrabalización de sus espacios.
Pero como dice nuestro título, Barahona vive dentro de un inútil cerco policiaco-militar. Cuando se viaja a Barahona, a la entrada del municipio de Vicente Noble, nos saluda a la izquierda una instalación militar, cuyo propósito no anunciado es un chequeo de la Dirección Nacional de Control de Drogas.
Como se supone, que de Barahona salen narcóticos, no entran; los viajeros que van entrando no son registrados en ese chequeo; pero, para comenzar a molestarlos, dos policías de la Digesett están inmediatamente a la derecha del puesto militar.
¡Saludos oficial! ¿En qué puedo servirle? _ permítame ver sus papeles; ahí comienza el consabido chequeo de documentos, sin que exista una denuncia o se esté buscando un vehículo o ciudadano como el que acaban de chequear; el viajero continuará, si no existe alguna pequeña falla en cualquiera de los papeles requeridos.
El siguiente y más molesto chequeo es el del cruce de Cabral. En tiempo atrás, la Digesett paraba vehículos que venían saliendo de Barahona; ahora, se apostaron a 75 metros más o menos próximo a la entrada del aeropuerto y paran los vehículos que van entrando a la ciudad, o sea, paran en ambas direcciones, para emplear el mismo método de molestia.
Si entramos a la ciudad por la vía principal, cruzando el arco, a partir de este punto, vamos a encontrar mínimo 2 miembros de la Digesett por cada semáforo; anote, para que no se encuentre en problemas, en Barahona no se puede cruzar una luz de tránsito en amarillo, si el amarillo te sorprende debajo del semáforo el policía te manda a parar.
Las personas que nos dirigimos a destinos de la costa y que utilizamos las vías de la ciudad para cruzar, tenemos nuestro último molestoso cuestionamiento policial, a la salida en el puesto de la DNCD hacia los municipios de la costa caribeña; no nos chequean por narcóticos, chequean los documentos del vehículo dos digesett que están allí permanentemente.
Lo que acabamos de describir es lo cotidiano; pero no se sorprenda con eventos estrambóticos como el que vivimos recientemente: Viajamos temprano desde Enriquillo hacia San Cristóbal para eludir el calor del día y también porque no, las molestias de la Digesett; cuando pasado el primer control de la DNCD, unos 400 metros antes de la entrada a la ciudad, nos sorprendió un contingente militar.
Fuimos parados de manera abrupta por un oficial con un fusil M-16 a la altura de sus hombros, listo para disparar si no obedecíamos su orden; cuando le cuestionamos que pasaba, preguntándole si había un golpe de Estado en curso o si las bandas haitianas se habían apropiado de medio país, el oficial sonriendo nos respondió con la pregunta de hacia dónde nos dirigíamos.
Sin exagerar, a las 7:00 de la mañana la entrada sur de Barahona parecía en estado de guerra. Pero el barahonero parece haber asimilado este estilo de vida, porque en esta ciudad hay muchos y buenos comunicadores y con excepción de algunas voces aisladas, los medios locales de comunicación no dicen esta boca es mía sobre el asunto.
Ahora bien ¿Por qué decimos que es un cerco inútil? _Pues muy simple, porque este asedio no cumple ninguno de sus propósitos; si se trata de los narcóticos, los municipios de la costa caribeña, en cada uno de ellos existen construcciones, lujos exhibidos, y fortunas inocultables que no resisten una auditoría visual, para saber de donde proceden.
Esto significa que el tráfico de estupefacientes nunca ha parado; pero, si, por otro lado, hablamos del control de tránsito de los ilegales haitianos, eso también es un mito, porque esos ilegales están colmando todo el país.
Las márgenes de la autovía del este, de Bávaro y Punta Cana entre las 4:30 y 5:30 de la mañana, acogen una muchedumbre a ambos lados y si aparece en esa aglomeración de trabajadores el 1% de dominicanos, aseguramos que es un milagro, el 99…% son del vecino país.
Si los narcóticos pasan y los beneficios vuelven a los importadores de origen, o sea los municipios de la costa; si los ilegales pasan, pagando o no, para asentarse en las ciudades alejadas de la frontera; entonces Barahona vive definitivamente dentro de un cerco inútil.


