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Isabel Pantoja en Altos de Chavón entre canciones, aplausos, lágrimas y una bachata

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Bajo el cielo estrellado de Altos de Chavón la noche del sábado 23 de mayo quedó marcada por la emoción, la nostalgia y la intensidad interpretativa de Isabel Pantoja, quien regresó a República Dominicana para celebrar junto al público sus 50 años de trayectoria artística en un concierto cargado de sentimiento y conexión humana.

La artista española subió al escenario a las 9:15 de la noche, quince minutos después de la hora pautada, abriendo la velada con “Del olvido no me acuerdo”, primera pieza de un repertorio cuidadosamente construido para recorrer distintas etapas de su carrera.

Desde los primeros acordes quedó claro que no sería simplemente un recital de éxitos, sino una experiencia profundamente emocional.

La cantante saludó al público dominicano agradeciendo el acompañamiento y la fidelidad que, según expresó durante varios momentos de la noche, ha recibido del país a lo largo de su trayectoria.

El anfiteatro de Chavón se convirtió rápidamente en un gran coro colectivo. Temas como “Buenos días tristeza”, “No discutamos”, “Abrázame muy fuerte”, “Hazme tuya una vez más”, “Nada”, “Dímelo” y “Hasta que se apague el sol” fueron interpretados al unísono por miles de asistentes que conectaron con las letras desde sus emociones más íntimas.

Isabel Pantoja logró una conexión especial con el público dominicano en el anfiteatro de Chavón.

Isabel Pantoja logró una conexión especial con el público dominicano en el anfiteatro de Chavón.

 

La artista logró unir generaciones: desde jóvenes que crecieron escuchando sus canciones en casa, hasta adultos que han seguido su carrera durante décadas.

Más allá del repertorio, el concierto estuvo marcado por una narrativa emocional que transitó entre el romanticismo, el desamor y la gratitud.

Pantoja habló en varias ocasiones con honestidad sobre la importancia de la música en su vida, agradeciendo a su familia, a su tierra natal y especialmente a República Dominicana por acompañarla en la celebración de medio siglo de carrera artística.

Uno de los momentos más íntimos de la noche llegó con el “Popurrí canciones que me gustan”, segmento que confesó haber grabado durante la pandemia y que dedicó a su fallecido esposo. Fue un espacio cargado de sensibilidad que permitió ver a una Isabel más vulnerable y cercana, alejada del mito y conectada simplemente como mujer y artista.

La espiritualidad también tuvo un papel importante dentro del espectáculo. La intérprete dedicó un momento especial a “Virgen del Rocío”, símbolo profundamente arraigado en la cultura andaluza, seguido de la “Obertura El amor eterno”, interpretada únicamente por la orquesta y que sirvió como transición para uno de los actos más solemnes de la noche.

 

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