Los profesionales universitarios

Por Redacción, en Opinión de .

Por Apolinar Núñez

Rep. Dom. -Desde el momento en que se recibe el titulo para ejercer una determinada profesión se entra a un mundo de grandes responsabilidades con imperturbables optimismos no siempre realistas.
Con la alegría expansiva de la graduación se dejan atrás, envueltos en tibias nostalgias acariciadoras, el paraninfo, la biblioteca, las anulas, el campus.
La calidad de la labor venidera dependerá en gran medida de la consistencia de la preparación personal, no sólo en la dimensión técnico-intelectual, sino en la ético-espiritual.
Para lograr un desarrollo integral equilibrado, se necesita que se fortalezcan ambas vertientes y que se destruya el cultivo de concupiscencias debilitadoras.
Hay que atender la formación de enterezas morales, de delicadezas espirituales, de conciencias sensibles a los desgarramientos del entorno social y a las grandezas de la historia patria.
Al profesional universitario le corresponde exhibir un permanente dominio de las técnicas.
Tiene que construir puentes confiables, defender brillantemente a sus clientes en los tribunales, reparar equipos electrónicos con rapidez y eficiencia.
Pero eso no basta, a pesar de ser importante.
Requiere, además, alimentar su espíritu con nutrientes que le den fuerzas para realizar su proyecto vital con altura y satisfacción.
Nuestros centros de educación superior debieran fomentar una educación integral de la personalidad del futuro profesional, completando o supliendo lo que la familia no le aporta.
De ese modo, se le ayuda no sólo a él, sino a la nación, a la humanidad.
Oferto estas reflexiones para que pensemos un poco en los dominicanos que se encuentran esparcidos por toda la geografía nacional, por muchos rincones del mundo ejerciendo su profesión universitaria, ayudando a otros a crecer.
Ellos constituyen un enclave importante desde donde se puede fraguar el presente y el porvenir de la República Dominicana, siempre que no cesen de buscar la verdad, de fertilizar su inteligencia, de lanzarse a permanentes aventuras científicas.