
Ignacio GUERRERO.
MAO, VALVERDE. – Un encuentro interinstitucional celebrado en UTESA, Recinto Mao, destacó la importancia de la educación, la ciencia, la justicia ambiental y la participación ciudadana para garantizar un desarrollo sostenible.
La relación entre el medio ambiente y la sociedad constituye uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo. El deterioro de los recursos naturales, la contaminación, la pérdida de biodiversidad y los efectos del cambio climático no representan únicamente problemas ecológicos, sino también amenazas al bienestar humano, la salud pública y el desarrollo sostenible.
En este contexto, se celebró en el auditorio de la Universidad Tecnológica de Santiago (UTESA), Recinto Mao, el conversatorio «Hablemos de Medio Ambiente y Sociedad», auspiciado por la Diócesis Mao-Montecristi, la Procuraduría Fiscal de Medio Ambiente, UTESA Recinto Mao y la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), Centro Mao.
La actividad inició con la invocación y bendición a cargo de monseñor Diomedes Espinal, obispo de la Diócesis Mao-Montecristi, quien aportó la dimensión espiritual a este encuentro dedicado a reflexionar sobre la responsabilidad humana en el cuidado de la creación y la preservación de los recursos naturales.
La coordinación de esta importante iniciativa estuvo a cargo de la magistrada Sonia Espejo, cuya labor contribuyó a articular los esfuerzos de las instituciones participantes y propiciar un espacio de diálogo, reflexión y compromiso en torno a la protección del medio ambiente y los recursos naturales.
Las palabras de apertura estuvieron a cargo del rector de UTESA, Recinto Mao, licenciado Cándido Almánzar, quien destacó la importancia de fortalecer la conciencia ambiental mediante la educación, el diálogo interinstitucional y la participación responsable de la sociedad, como elementos fundamentales para preservar los recursos naturales y garantizar un futuro sostenible.
El encuentro contó con la participación del magistrado Francisco Contreras, procurador de Corte y titular de PROEDEMAREN; el licenciado Luis Carvajal, coordinador general de la Comisión Ambiental de la UASD; y el doctor Dirk Guenther, miembro de la Comisión de Ciencias Naturales y Medio Ambiente, en representación de la Academia de Ciencias de la República Dominicana.
Asimismo, participó el padre Osvaldo Andrés Concepción Marte, director del Centro de Voluntarios, cuya presencia enriqueció el carácter interinstitucional del encuentro, incorporando la dimensión humana, ética y solidaria que debe acompañar toda iniciativa orientada a la protección del medio ambiente y al bienestar de la sociedad.
Uno de los aspectos fundamentales de esta reflexión es comprender que la crisis ambiental también es una crisis social. La escasez de agua, la degradación de los suelos y la pérdida de los ecosistemas afectan directamente la producción de alimentos, la economía y la calidad de vida de las comunidades, particularmente de los sectores más vulnerables.
Desde esta perspectiva adquiere especial relevancia el concepto de ecología integral, desarrollado en la encíclica Laudato si’ del papa Francisco, que plantea la necesidad de comprender la relación inseparable entre la naturaleza, la dignidad humana y la justicia social.
Las universidades tienen una responsabilidad estratégica en este proceso. Su misión no debe limitarse a transmitir conocimientos, sino también a promover investigaciones, formar ciudadanos ambientalmente responsables y contribuir con soluciones científicas a los problemas de sus comunidades.
De igual manera, corresponde al Estado fortalecer las políticas públicas, garantizar el cumplimiento de la legislación ambiental y fomentar una cultura de prevención. Sin embargo, ninguna disposición legal será suficiente si no está acompañada de una ciudadanía consciente y comprometida.
La protección del medio ambiente tampoco puede reducirse a discursos, campañas ocasionales o celebraciones conmemorativas. Requiere transformar hábitos, fortalecer la educación ambiental, utilizar responsablemente los recursos naturales y asumir compromisos concretos desde las instituciones y los hogares.
El verdadero desarrollo no puede medirse únicamente por el crecimiento económico, sino también por nuestra capacidad de preservar las condiciones naturales que hacen posible la vida.
Las palabras de cierre estuvieron a cargo de Laura Cuevas, subdirectora, quien tuvo a su cargo la clausura de este espacio de reflexión e intercambio interinstitucional.
Encuentros como este deben trascender el intercambio de ideas y convertirse en oportunidades para construir alianzas, impulsar iniciativas y fortalecer una conciencia ambiental permanente.
En definitiva, cuidar el medio ambiente no es una responsabilidad exclusiva de especialistas o autoridades. Es un deber ético, educativo y ciudadano que compromete a toda la sociedad.
Porque defender la naturaleza es, en esencia, defender la vida, la dignidad humana y el futuro de las próximas generaciones.


