
Por: Emilia Santos Frias
Calma la mente y el alma hablará, decía la defensora de los derechos humanos Ma Jaya Sati Bhagavati. Ella viene a mi mente al analizar que vivir cada día cultivando el fruto del espíritu: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza, puede ser una labor difícil, sin embargo, sabemos que el Dador de vida paga y paga bien, su recompensa va más allá de la sanación. Favorece que transitemos con bienestar, sin guardar rencor, aprendiendo y ejercitando el perdón. Siendo misericordiosos con nuestros semejantes, incluso con nosotros mismos, al fortalecer valores universales y ofrecer apoyo desde cada uno de ellos.
Todo esto nos hace mejor personas, comprometidas a actuar con benignidad, cultivar la paciencia y con ella asistir a quien necesita nuestra mano amiga. Es la muestra más sincera de amor, y este es el único camino hacia la anhelada salvación del alma humana, que solo la ofrece el Divino. Una emoción y sentimiento que como bien dice Corintios, siempre es desinteresada “…Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladarse los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve…”.
En ese orden, preciso es repetirnos que para conseguimos la salvación del alma, no basta con expresar benignidad, para obtener esta meta debemos actuar cada día y sin desmayo, en constante limpieza interna y acciones externas que representan nuestro discipulado, es decir, cómo emulamos las enseñanzas de Jesús, quien ofreció muestras palpables de amor en toda su magnitud. Estas líneas no hacen alusión a religiosidad, por el contrario, aluden a la búsqueda personal e interna que propicien convertirnos en mejores seres humanos.
“El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; 6 no se goza de la injusticia, más se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta…”.
Por eso, luego de agradecer cada mañana al Padre Creador por las bendiciones que entrega a nuestras vidas, y pensar en cuáles acciones ejecutaremos para el bienestar generalizado, entonces enrumbarnos en actividades, conscientes de que será un día a la vez que ejercitaremos hábitos atómicos, siempre basados en los lenguajes del amor que ofrecen tanto bienestar mental, físico, emocional y alivio al dolor.
Cuando tenemos la capacidad de identificar en nuestra mente y corazón el citado fruto del espíritu: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza, y al mismo tiempo exhibir acciones que lo representen, estamos cercanos a la salvación del alma. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde la vida?, reza Mateo en su capítulo 16, versículo 26. Mientras, Jeremías 29:13, afirma “Me buscarán y me encontrarán cuando me busquen de todo corazón”. Estoy consecuente de que esta meta puedo iniciarla con acciones tan bellas y a la vez simples, como regalar sonrisas, mostrar respeto a las normas, ser obediente y paciente ante los designios del Creador…
Hasta la próxima entrega.
La autora reside en Santo Domingo
Es educadora, periodista, abogada y locutora.


