
A continuación les presentamos el discurso de Orden de la XLII Graduación Ordinaria del Recinto UTESA Mao, pronunciado por el señor Rector del Recinto, el Maestro Cándido Almánzar
Señoras y señores:
Hay momentos institucionales que trascienden la solemnidad de una ceremonia y adquieren un profundo significado humano. Una graduación es uno de ellos.
Hoy celebramos la Cuadragésima Segunda Graduación Ordinaria de la Universidad Tecnológica de Santiago, Recinto Mao, en la que entregamos a la sociedad 176 nuevos profesionales, formados en las facultades de Ciencias y Humanidades, Ciencias Económicas y Sociales, Ciencias de la Salud, y Arquitectura e Ingeniería.

De este grupo, el 68 % corresponde al sexo femenino y el 32 % al masculino, evidencia de la significativa presencia de la mujer en la educación superior y el desarrollo profesional.
A cada uno, nuestras más sinceras felicitaciones.
El título que reciben representa años de estudio, sacrificio, disciplina y perseverancia, así como el esfuerzo de sus familias, la dedicación de sus profesores y el acompañamiento de esta institución.
Este triunfo es de ustedes, pero también pertenece a quienes caminaron a su lado para hacerlo posible.
Queridos graduandos:
Hoy dejan las aulas para ejercer sus profesiones en un mundo marcado por transformaciones constantes, avances científicos y tecnológicos, inteligencia artificial, información inmediata y comunicación instantánea.
Nunca habíamos tenido tanta información al alcance. Sin embargo, disponer de más información no significa comprender mejor la realidad. Con frecuencia, la objetividad cede ante la percepción personal; la investigación, ante la especulación; y el diálogo, ante la confrontación.
Hoy basta un teléfono y unos segundos para llegar a cientos o miles de personas. Pero que opinar sea fácil no significa que toda opinión sea responsable.
Quisiera dejarles una reflexión:
Antes de afirmar, investiguemos.
Antes de juzgar, conozcamos.
Antes de reaccionar, pensemos.
Las palabras tienen consecuencias. Una afirmación sin suficiente conocimiento puede afectar una reputación, deteriorar una amistad, provocar conflictos familiares, perjudicar una institución o generar enfrentamientos innecesarios.
La formación universitaria debe prepararnos para superar esa superficialidad. El profesional universitario no puede limitarse a saber; también debe aprender a pensar.
Pensar exige contrastar informaciones, escuchar otras posiciones y reconocer que también podemos estar equivocados. Debemos aprender a disentir sin enemistarnos, defender nuestras convicciones sin menospreciar las ajenas y preservar siempre la dignidad de los demás.
En una sociedad acelerada, necesitamos recuperar el sentido común: ponderar las consecuencias de nuestras palabras, escuchar antes de responder y comprender que rectificar no es debilidad, sino madurez.
La convivencia pacífica no significa ausencia de diferencias, sino capacidad para vivir con ellas, discutirlas civilizadamente y procurar puntos de encuentro. Una sociedad no se construye únicamente mediante leyes, instituciones e infraestructuras, sino también mediante la calidad de las relaciones entre las personas.
Dentro de unos minutos serán oficialmente profesionales universitarios. Algunos ejercerán en la salud; otros, en las ciencias económicas y sociales, las ciencias y las humanidades, la arquitectura y la ingeniería.
Sus campos serán diferentes, pero un principio debe unirlos:
Toda profesión alcanza su verdadera grandeza cuando se pone al servicio de los demás.
El éxito profesional no puede medirse exclusivamente por el salario, la posición o los bienes acumulados. Existe una dimensión superior: comprobar que nuestros conocimientos contribuyeron a mejorar la vida de otras personas.
Que el profesional de la salud vea primero al ser humano y después al paciente.
Que el psicólogo escuche antes de juzgar.
Que el profesional de las ciencias económicas comprenda que detrás de los números existen personas, familias y comunidades.
Que el ingeniero y el arquitecto recuerden que cada obra debe contribuir a construir espacios más seguros, funcionales y humanos.
Y que quienes se dediquen a las ciencias y las humanidades formen ciudadanos capaces de pensar, convivir y transformar responsablemente su entorno.
Ese es el profesional que necesita nuestro país.
Queridos graduandos:
Hoy concluye una etapa importante, pero comienza otra más extensa y desafiante. La universidad les ha proporcionado conocimientos, herramientas y competencias. A partir de ahora, la vida profesional les presentará situaciones para las cuales ningún libro tendrá siempre una respuesta exacta.
Cuando esos momentos lleguen, necesitarán algo más que conocimientos técnicos:
criterio, objetividad, sentido común y valores.
Al tomar una decisión difícil, no se pregunten solamente:
¿Puedo hacerlo?
Pregúntense también:
¿Debo hacerlo?
¿Es correcto?
¿A quién beneficia?
¿A quién puede perjudicar?
Las respuestas distinguen al profesional competente del profesional verdaderamente responsable.
Al salir de esta plazoleta como egresados de UTESA, lleven consigo el orgullo de pertenecer a esta universidad y el compromiso de representarla dignamente dondequiera que la vida los conduzca.
No permitan que la prisa sustituya el análisis, la especulación sustituya la investigación, la intolerancia desplace el diálogo ni el éxito individual les haga olvidar su responsabilidad con los demás.
Y nunca permitan que un título universitario los aleje de la humildad necesaria para continuar aprendiendo.
A sus padres, madres y familiares, gracias por confiar en nosotros y acompañarlos hasta este día.
A nuestros profesores y colaboradores, gracias por contribuir con dedicación a la formación de estos nuevos profesionales.
Y a ustedes, graduandos de esta Cuadragésima Segunda Graduación Ordinaria, les corresponde demostrar que la educación recibida en UTESA trasciende las aulas y adquiere su verdadero valor en la sociedad.
Sean profesionales competentes y ciudadanos responsables.
Sean críticos y objetivos.
Defiendan sus ideas sin menospreciar las de los demás.
Investiguen antes de afirmar.
Escuchen antes de juzgar.
Piensen antes de actuar.
Ejerzan siempre sus profesiones recordando que el conocimiento alcanza su más alto sentido cuando mejora la vida de las personas.
Que el título que hoy reciben no sea solamente una acreditación de lo aprendido, sino un compromiso permanente con cuanto pueden aportar.
Salgan al mundo a ejercer sus profesiones con dignidad, ética y sensibilidad humana.
Pongan sus conocimientos al servicio de los demás.
Porque la verdadera grandeza de un profesional no estará solamente en lo que haya logrado para sí mismo, sino también en cuánto de su talento y de sus conocimientos haya destinado a construir una sociedad mejor.
¡Felicitaciones, graduandos!
¡Felicitaciones a sus familias!
Que Dios bendiga sus caminos, sus proyectos y el futuro que desde hoy comienzan a construir.
Muchas gracias.


